HISTORIA DE LA EXPLOTACIÓN MINERA

 

Modelo de explotación

Durante el período de máxima actividad minera se barrenaban los yacimientos, obteniéndose un gran volumen de roca, que posteriormente era clasificado, separando el mineral de hierro de la ganga (parte de la roca sin interés económico).

Los barrenos eran realizados manualmente por especialistas, que utilizando una barra de hierro de unos dos metros de longitud ( en la actualidad se pueden presenciar demostraciones deportivo-culturales ,durante las fiestas de la práctica de esta difícil labor), lograban perforar la roca mediante la percusión de la barra. El trabajo era duro y requería una gran fuerza física, como lo indica el hecho de que para perforar un metro de roca, en algunos casos (según la dureza de la roca), se emplearan cuatro horas de trabajo. Una vez realizada la perforación, se rellenaba con una primera carga de dinamita en el fondo, seguida de un tapón de roca y, para finalizar, una nueva carga de explosivos, igualmente sellada. Las cargas se hacían explotar simultáneamente en los dos puntos, con el fin de conseguir la máxima potencia y, consecuentemente, el mayor volumen de roca desprendida.

Al día se realizaban tres explosiones en el coto minero (a las 8.00, 12.00 y 16.00 horas). Eran señalizadas con banderas y señales acústicas(recuerdo cómo de niño ,cuando camino de la escuela nos escondíamos en las cuevas al toque de la corneta o la sirena hasta que pasara la detonación) , con el objeto de que todos los mineros abandonaran la zona. No obstante, eran muchos los mineros que sufrían traumatismos craneales, por la caída de fragmentos de rocas expulsados tras las detonaciones. Concluidas las detonaciones, los mineros regresaban al coto minero, reducían de tamaño los fragmentos de roca desprendida y después los clasificaban manualmente. Dichas actividades correspondían a los peones.

Etapas en la explotación según el tipo de mineral explotado

Se pueden distinguir cuatro etapas de explotación bien diferenciadas:

-Una primera etapa correspondería a la llevada a cabo por los romanos, y que llevaría consigo una explotación de las monteras de óxidos, al igual que el anterior, pero de una manera mucho más intensa. La principal innovación que introdujeron los romanos fue la utilización de modelos de explotación mucho más avanzados. Disponían de gran cantidad de mano de obra para la obtención de hierro, necesario para la elaboración de espadas, armaduras, etc. Fueron los primeros en excavar túneles y comenzar la explotación de filones.

-Una segunda etapa correspondería a la explotación de las monteras de óxidos por parte de los habitantes del área, con el fin de obtener hierro. Esta explotación era llevada a cabo a modo de suertes y el mineral era extraído de una manera manual por grupos de trabajo, siendo posteriormente tratado en las ferrerías para la fabricación de herramientas. Era, a fin de cuentas, una explotación familiar.

-La tercera etapa correspondería a la de máxima explotación, que en el tiempo es desde finales del siglo pasado hasta comienzos de éste. Es en este período cuando se van agotando los óxidos, los más fácilmente explotables, y se comienza a extraer carbonato de hierro. Para la extracción del mismo juega un papel determinante la dinamita, que hace abandonar técnicas utilizadas anteriormente, y permite sacar un mayor rendimiento al coto. La extracción de Siderita (Carbonato de Hierro) obliga a la construcción de hornos de calcinación para poder separar el hierro del carbonato. Así mismo, el hecho de que aumentara la producción trajo consigo que fueran necesarios métodos de transporte para acercar el mineral extraído y tratado al ferrocarril o a los cargaderos de la costa. Así hoy podemos encontrar aún parte de estas infraestructuras diseminadas por el paisaje de la zona. Este apartado se desarrollará en el capítulo de Arqueología Industrial.

 

LOS MINEROS Y LA REALIDAD SOCIAL

El personal empleado en las minas se dividía en varias categorías, según el trabajo que desempeñaban:

1ª. Barreneros, barrenadores o artilleros: se encargaban de hacer los barrenos. Constituían alrededor del 5% del total de la mano de obra de las minas.

2ª. Operarios o peones: se ocupaban de arrancar y cargar el mineral.

3ª. Pinches: muchachos de 11 a 18 años ( luego de 14 a 18 años )que realizaban faenas como llevar las herramientas a la fragua, trabajos de escogido del mineral en la cantera o en los lavaderos mecánicos.Al frente de todos ellos estaba el capataz, hombre de confianza del patrono, cuya función era vigilar y distribuir el trabajo. También había otro tipo de operarios, como mecánicos, carpinteros, herreros, forjadores de vía y obras, y cargadores en los muelles, que no eran mineros propiamente dichos.Se trabajaba generalmente en cuadrillas. Existían dos modalidades: jornada completa.- "A tarea": se trataba de concluir, con ahorro de tiempo, una tarea que previamente se había ajustado entre el encargado o capataz y un grupo de obreros. Una vez terminada la labor, los trabajadores podían dar por terminada la jornada. Como a veces terminaban muy temprano, realizaban alguna tarea suplementaria que se les abonaba además del jornal. Este tipo de trabajo se empleaba en la carga y descarga de vagones de mineral o escombro.

El jornal medio de un minero de finales del siglo pasado oscilaba entre las 3 y 3,25 pesetas por día, aunque variaba en función de las aptitudes de cada uno. Los especialistas (barrenadores) percibían del orden de 3,75-5 pesetas por día. En los años 80 del pasado siglo la jornada laboral abarcaba de sol a sol, con media hora para almorzar y una para comer. Tras la huelga que tuvo lugar en 1890, los obreros consiguieron reducirla a una media de 10,5 horas diarias, aunque esto variaba con las estaciones del año (10 horas en invierno y 11 en verano). Estos acuerdos quedaron plasmados en el "pacto de Loma". Los horarios también oscilaban entre unas compañías mineras y otras. Tras una nueva huelga, la de 1910, la jornada laboral quedó fijada finalmente en 9,5 horas al día. Los días de lluvia no se trabajaba y no se cobraba. Los domingos y días festivos se aprovechaban para recuperar estas horas perdidas. El descanso dominical quedó legislado en 1904.

Alrededor del 70% de los operarios empleados en las minas de este distrito procedían de Galicia, Asturias y provincias del norte de Castilla (León, Soria, Palencia, Salamanca y Burgos). Eran personas de edades comprendidas entre los 14 y 50 años. Los vizcaínos, que constituían un grupo menos numeroso, desempeñan casi siempre labores de capataces o listeros. Este numeroso contingente procedente de fuera de la provincia constituía una población flotante que provocó un gran "boom" demográfico en el ámbito de todo el territorio vizcaíno; lógicamente, sus efectos fueron mucho más intensos en los municipios cercanos a la Ría del Nervión y su prolongación por el valle de Somorrostro, Galdames y Sopuerta. Es el caso de Abanto y Ciérvana, San Salvador del Valle y Santurce en el periodo de 1877 a 1887.

Se produjo el engrosamiento de la población de algunas barriadas, caso de La Arboleda, e incluso surgieron nuevos municipios, como el Concejo de Santurce-Ortuella, que en 1910 presentaba una densidad de 718 habitantes/km2, mientras que en ese mismo año, Santurce-Antiguo apenas tenía 500 habitantes/km2.

El acomodo de estos trabajadores se hacía en barracones, casas de peones y viviendas alquiladas. Los obreros con familia habitualmente alquilaban su propia vivienda; los solteros se alojaban con alguna familia, a cambio de algún dinero, o lo hacían en terrenos de las compañías, en casas construidas por éstas o a veces por particulares. Lo más habitual entre los que venían solos era pagar por la cama, lavado y preparación de los alimentos que ellos mismos compraban. Pero frecuentemente, con el pretexto de la lejanía de los pueblos vecinos y con el fin de no perder tiempo de trabajo, se les obligaba a los mineros a dormir en estos albergues o barracones de la empresa, que les eran arrendados por el propio capataz.

Suciedad, hacinamiento, ausencia de agua corriente y de retretes era el desolador panorama que presentaban estos insalubres habitáculos.Los abusos de los que eran objeto estas gentes —generalmente con un elevado grado de incultura y deseosos de trabajar al precio que fuera— por parte sus capataces hacía muy penosas sus condiciones de vida. Para ganarse la simpatía de sus superiores, el minero tenía que comprar los productos de primera necesidad en las tiendas o cantinas de propiedad patronal, regentadas por capataces o encargados. Era el sistema de tiendas obligatorias. En él, los obreros no estaban obligados a abonar sus compras en el acto, ya que al coincidir el día de pago en la mina con el de cobro en la tienda, únicamente percibían la diferencia entre el jornal y la deuda adquirida. Esta situación fue uno de los motivos de las huelgas de 1890 y 1903. Tras esta última, los mineros consiguieron que no se les obligase a comprar en estos establecimientos. A esta situación se pretendió dar respuesta con la creación de varios economatos, financiados con capital patronal. Así nacieron los economatos de Ortuella, La Arboleda y Gallarta, de los cuales el más importante fue el segundo de ellos.

Pretendían ofrecer artículos de consumo baratos y con la mayor calidad posible. No obstante, la puesta en funcionamiento de estas instituciones obedecía fundamentalmente a motivos de política laboral de los empresarios, que contentando en parte a los obreros, querían defender sus propios intereses. A esto había que sumar que, en muchas ocasiones, los sueldos no se pagaban cronológicamente, sino que se hacía a merced de la voluntad del capataz.

La falta de aclimatación al trabajo de muchos de estos trabajadores, que recién llegados se incorporaban directamente al puesto de trabajo, sin el tiempo preciso para acostumbrarse a la realización de este tipo de actividades, provocaba que se produjera un gran número de accidentes. La dureza de la tarea y las escasas condiciones de seguridad en la que ésta se desarrollaba también tenían su parte de culpa. Aplastamientos por vagonetas desprendidas y heridas craneales causadas por trozos de mineral despedidos al barrenar eran los accidentes laborales que sucedían con mayor frecuencia. Tanto para atender a las personas afectadas por este tipo de percances, como para combatir los efectos de epidemias como viruela y tifus, frecuentes en la zona, dadas las condiciones de vida de los barracones en los que habitaban estas familias mineras, se estableció en 1881 la Sociedad de Hospitales Mineros de Triano. Su sede central se encontraba en Gallarta, sobre el cerro de Buenos Aires. Contaba con dos sucursales, localizadas en Matamoros y Galdames. Gracias a su actuación las epidemias desaparecieron prácticamente de la región. Además existían las llamadas Sociedades de Socorros Mutuos, las cuales, mediante una módica cuota que abonaban los obreros, les facilitaban asistencia médica a domicilio, así como medicinas para ellos y sus familias.

El trato que se les daba a estos trabajadores de las minas, sus miseria sociales y las dificultades y penurias de sus vidas, constituyeron el caldo de cultivo para ideologías no habituales hasta entonces, como el Socialismo. Así nacieron esta tendencia, en lugares diversos núcleos de como Ortuella, Gallarta y La Arboleda. Junto a estas agrupaciones, claramente dominantes a partir de 1910, existían otras de signo cristiano.

Destacó entre ellas la Asociación Obrera "León XII" de La Arboleda.